domingo, 24 de noviembre de 2019

La otra Trinidad.


Si salimos del casco histórico de Trinidad lo que vemos es una ciudad de aspecto tercermundista.

Fuera de lo que constituye el centro histórico, lo que la UNESCO declaró como Patrimonio de la Humanidad en 1998, el resto de de Trinidad tiene un aspecto tercermundista. Nosotros hemos podido comprobar como la gente hace la vida en la calle, sentada en el portal o en la acera, donde también juegan los niños y deambulan los perros, cosa por otro lado muy normal en cualquier pequeña población de Cuba, pero es que hemos visto que la mayoría de las casas, de una sola planta, se ven pequeñas y mal pertrechadas. Las calles están sin asfaltar y apenas iluminadas con una farola colgando del poste de la luz. El cableado eléctrico cuelga de los postes de madera en una enrevesada tela de araña. De servicios de telefonía, internet, etc,  ya comprobamos que en la misma Habana funcionaban deficientemente y que había dificultades para conectarse. Hemos comprobado que los pocos comercios que existen apenas son  una mínima estancia de la vivienda con una ventana a la calle por la que se atiende a los clientes, con el nombre rotulado en la pared junto a la autorización para la venta. Todo un duro contraste a escasos metros de la Trinidad Patrimonio de la Humanidad.

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El Arte del Barro: la familia Santander

Corría el año 1892 y en los límites de la villa en uno de sus barrios más alejados, un inmigrante español le enseñó con paciencia, el arte de la alfarería a un joven de apellido Santander. Así surgió aquella primera instalación que se anunciaba con el flamante nombre de Taller Santander. Fábrica de obras huecas y materiales de construcción. En un principio, su producción fue decisiva para proveer a la próspera villa de tejas, ladrillos y cal. Surgió también de esta forma, el nombre de aquel barrio, al que se le llamó Los Hornos de Cal.


Con el tiempo el Taller Santander incluyó entre sus piezas jarrones, tinajas, filtros para agua y macetas, logrando una variada producción de gran demanda entre los habitantes de la villa. La familia Santander, con sus talleres propios, se mantiene como la de más antigua tradición en la alfarería trinitaria. De una generación a otra pasaron los secretos de trabajar con el barro en el torno, para lograr disímiles objetos utilitarios y decorativos. Neidis (Coki) Mesa Santander es la única mujer, entre los suyos, que se ha dedicado a trabajar la alfarería. Desde los cinco años aprendió con su abuelo, cómo moldear el barro en un pequeño torno que su padre diseñara exclusivamente para ella. Su taller, bajo el nombre de Cerámicas Coki, se ha especializado en hacer murales de cerámica, trabajos a bajo relieve, bruñidos a mano y con óxidos metálicos, platos con decoraciones precolombinas, reproducciones de fachadas y calles trinitarias, objetos decorativos y utilitarios y piezas únicas, entre otros formatos diversos.

En Trinidad, el visitante interesado en la cerámica puede acudir al Taller Cerámicas Coki, para observar de cerca el trabajo de esta joven artista en una salón expositivo de su obra, que posee en su propia casa. El Taller también brinda clases para principiantes y aficionados en la alfarería.

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