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martes, 5 de noviembre de 2019

DIA 1 / "Me llamo Paco y éste es mi amigo Andrés".

Día 1 / 18 de Septiembre de 2019 / Madrid-La Habana


Aeropuerto Internacional José Martí - La Habana (18/09/2020)


Paloma y yo salimos con destino a Cuba el día 18 de septiembre de 2019. Ese día llegamos con bastante antelación a la T4 de Barajas, eran las 9:30, pues Tatiana, nuestra queridísima comercial de la agencia de viajes El Corte Inglés, nos había avisado de que antes de facturar en el aeropuerto había que recoger el visado para entrar en Cuba. Y allí estaba ya esperándonos Iris, que iba a ser nuestra guía de la Comunidad de Madrid a lo largo de todo el circuito, quien, después de saludarnos y comprobar nuestros nombres, nos indicó donde debíamos primero recoger los visados y luego hacer la cola para facturar el equipaje y recoger los billetes. Todo perfectamente organizado. La cola para el vuelo de Evelop era larguísima y allí estuvimos esperando mientras observábamos que algunos de los pasajeros llevaban unos enormes bultos. En un caso era una televisor de más de 70 pulgadas y en otro tres enormes paquetes que contenían bicicletas. Por lo general los bultos de los lugareños sobrepasaban con mucho el límite estándar. El vuelo , aunque salió unos minutos mas tarde de lo previsto, llegó puntual a La Habana. Habíamos leído por Internet que la compañía aérea Evelop disponía de unos aviones algo anticuados, asientos estrechos y sin pantallas individuales y con los servicios mínimos a bordo. Durante el vuelo pudimos comprobar que tanto el servicio del personal como la equipación del avión era mucho mejor de lo esperado. Eso, si, hacía ya muchos vuelos que no veíamos aplaudir a todo el pasaje tras nuestro exitoso aterrizaje en el aeropuerto de la Habana; como si la suerte nos hubiera acompañado.


A pesar de la larga larga distancia entre Madrid y La Habana, el vuelo no se hizo muy pesado gracias a la buena equipación del avión y la amable atención del personal.


Modelo de Declaración
de Aduanas para pasajeros
de la República de Cuba.
Lo que si nos sorprendió nada más pisar el aeropuerto cubano fue comprobar el tremendo contraste entre el Aeropuerto de Barajas y  el de José Martí-La Habana. Fue la primera impresión de que llegábamos a un país pobre y nada modernizado en cuanto a infraestructuras y tecnología. El aspecto en general era como haberse quedado en los años 60 del pasado siglo. También nos llamó la atención que la mayoría de quienes atendían los servicios tanto de aduana como aeroportuarios eran chicas muy jóvenes. Entregamos en la ventanilla la "Declaración de aduanas para pasajeros" que previamente nos habían dado en el avión para cumplimentar y nos dirigimos a por las maletas.

Una vez recogido nuestro nuestro equipaje, en el hall del aeropuerto nos estaba esperando Irma que sería nuestra guía durante todo el recorrido por la isla y que nos aconsejó cambiar los euros por los pesos cubanos convertibles en la oficina que había a la salida del aeropuerto.


Después de 9 horas de vuelo y con una diferencia horaria de 6 horas más en Cuba, aterrizamos felizmente en La Habana.


Espectacular panorámica de La Habana desde la planta 21 del hotel Tryp Habana Libre donde estábamos alojados.

Hotel Tryp Habana Libre.


Hacía una temperatura muy agradable en La Habana aunque unas nubes amenazaban una posible tormenta. Mientras el autobús nos llevaba al hotel íbamos mirando por las ventanillas el paisaje primero, pues el aeropuerto estaba como a treinta kilómetros de la capital, y la ciudad después. Lástima que los cristales del autocar eran tintados y nos daban una deteriorada visión de las calles como de un triste atardecer. Y ya atardecía cuando llegamos a nuestro hotel, el TRYP HABANA LIBRE. La primera sensación fue muy positiva, un edificio descomunal en el sitio más céntrico de La Habana moderna. Después de hacer el cheking en recepción fuimos a la habitación a dejar las maletas y darnos un baño. La habitación era muy amplia, sobriamente decorada y la cama supergrande, más de orgía que de matrimonio. La sorpresa fue al asomarnos a la cristalera que ocupaba toda la pared de enfrente y que daba a la fachada del hotel y contemplar la impresionante panorámica de La Habana y el mar desde la habitación 11 de la planta 21.


En una de las paredes del hall del hotel Tryp Habana Libre se exponen fotografías históricas de Fidel Castro, el Che Guevara y otras sobre la revolución castrista.



El hotel Tryp Habana Libre, con una altura de 25 plantas, y ubicado en no de los barrios más emblemático, El Vedado, se enorgullece de ser el único hotel que sirvió de sede del Gobierno de Cuba en tiempos de la Revolución tal y como lo constatan las históricas fotos en blanco y negro que se exhiben en uno de los pasillos de la planta baja. El hotel está decorado con obras originales de la plástica cubana, de las que sobresale el espectacular mosaico que tristemente ya no se puede contemplar por encima de hall de entrada. Cuando salimos, ignorante de mí le comenté a Paloma "mira esos agujeros de ahí arriba, deben ser impactos de bala", como esos que se suelen ver en algunos edificios históricos y que forman parte del legado histórico. Luego supimos que esos huecos se debían a que habían quitado el precioso mural que en 1950 creó la artista plástica cubana Amelia Peláez. Al parecer, esta obra artística, que posee 6.700.000 teselas desplegadas en una superficie de 69 metros de largo por diez de alto, fue retirada para su restauración.


Paloma posa ante la fachada del Hotel Tryp Habana Libre, único hotel de la isla que puede presumir de haber albergado la sede del Gobierno revolucionario de Fidel Castro. La franja blanqueada bajo los ventanales está adornada con un gigantesco mural de la artista cubana Amelia Peláez, que cuando estuvimos se encontraba en fase de restauración.

A las 9 de la noche, después de dar una vuelta por los alrededores, nos dirigimos Paloma y yo a cenar al restaurante del hotel ubicado en la planta primera. El camarero nos preguntó si nos importaba ocupar una mesa para cuatro donde había ya dos clientes sentados, le dijimos que nó y después de sentarnos nos presentamos. Los dos hombres muy simpáticos, dicharacheros y educados nos dijeron sus nombres: "Me llamo Paco y éste es mi amigo Andrés". Fue una cena muy amena pues ellos nos contaron su vida como si nos conociéramos de siempre. No imaginábamos entonces que en ese momento iba a surgir el germen del magnífico equipo que acabaría conociéndose como el "Grupo Tropicana".


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