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domingo, 24 de noviembre de 2019

Trinidad, un viaje al pasado para bien y para mal (1ª parte)


La ciudad de Trinidad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988, "por constituir un notable ejemplo  de ciudad colonial". En la foto el grupo escuchando las explicaciones de Irma, nuestra guía local cubana.


Una ciudad colonial Patrimonio de la Humanidad


En nuestro primer día de estancia en Cienfuegos estaba prevista una excursión a Trinidad "una  de las ciudades más bellas de Cuba", según las guías turísticas, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988, junto con el Valle de los Ingenios, "por constituir un notable ejemplo  de ciudad colonial".

Trinidad fue la tercera villa fundada por la corona española en Cuba, en 1514, gracias a Diego Velázquez, y pronto se convirtió en el punto de partida de las expediciones comandadas por Francisco Hernández de Córdoba, en 1517, y Hernán Cortes, en 1518. Actualmente el centro histórico es una ciudad-museo con un gran patrimonio arquitectónico colonial de los siglos XVIII y XIX, con sus estrechas calles adoquinadas con piedras de río, sus preciosos edificios restaurados y con las fachadas pintadas  de llamativos colores de tonos pastel y sus fantásticos patios interiores diseñados a semejanza de los españoles, que le otorgan esa atmósfera típicamente colonial.

Esto es lo que vemos en "la almendra" que constituye el casco histórico y que hace ya algunos años reconoció la UNESCO como singular. En otra entrada hablaremos de "La otra Trinidad", la tercermundista, por la que pasamos de largo y por tanto no pudimos conocer de primera mano ¿o sí?.


La Galería de Arte Universal Benito Ortíz está en esta bella muestra de la arquitectura del siglo XIX que imita el estilo de los edificios coloniales de La Habana Vieja. En ella se exponen artesanía y pinturas de artistas locales como Antonio Herr Grau, (pintor afamado de su época, nació el 16 de julio de 1848,  vivió en esta casa y  tiene obra en la Iglesia Parroquial), Juan Oliva, Benito Ortiz, Antonio Zerquera y David Gutiérrez.

En esta casa de infusiones probamos la "canchánchara" mientras un grupo musical interpretaba música tradicional de Cuba.


La Canchánchara

La Canchánchara es un establecimiento donde se beben sobre todo infusiones y licores. Ubicado en un edificio del siglo XVIII es famoso por el cóctel "canchánchara" que preparan aquí a base de ron, lima, agua y miel. El cóctel lo sirven frío en un cuenco de barro. Nosotros lo probamos, ¿cómo no?, sentados en el porche del establecimiento mientras el grupo musical Cohimbre, compuesto por 7 músicos, uno de ellos chica que tocaba la flauta, nos amenizaba con sus interpretaciones.

Paco en medio del porche de la Canchánchara dispuesto a repartir los cuencos de barro con el refrescante y típico licor cubano. Al fondo el grupo musical "Cohimbre" ameniza este descanso que hicimos con su música.

El grupo de música tradicional cubana Cohimbre actuando en el local La Canchánchara

La austera Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, de fachada neoclásica fue terminada en 1892. La torre que se ve al fondo, a la izquierda, pertenece a lo que quedó de la Iglesia y Convento de San Francisco.


Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad

La iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, de aspecto austero y con fachada neoclásica, se alza sobre los cimientos de otra del siglo XVIII que fue destruida por un ciclón. Se terminó su construcción en 1892. Lo más destacable de su interior es el altar neogótico, hecho totalmente de madera, que está dedicado a la Virgen de la Merced y que incluye una pintura del artista cubano Antonio Herr. También es interesante el Señor de la Vera Cruz, una imagen de madera del siglo XVIII esculpida en España y que tiene una curiosa historia ya que su destino era una iglesia de Veracruz en México. A mí particularmente me llamó la atención el Cristo sentado que se expone en una de las capillas ya que no es una representación muy común de esta figura. Al lado un Cristo yacente, una Piedad y el Descenso de la Cruz constituyen algunos de los pasos de la procesión de Semana Santa de Trinidad. Esta tradición religiosa, prohibida desde 1959, año de la victoria de la Revolución, se recuperó en 1988, coincidiendo con la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba.

La Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad forma parte del conjunto monumental de Trinidad declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1988.

Interior de la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad. Al fondo destaca el altar neogótico dedicado a la Virgen de la Merced y hecho totalmente de madera.



A pesar de la austeridad del interior de la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad, llama la atención el impresionante altar de madera tallada decorado con delicadas incrustaciones. En la pared posterior a la derecha se observa una pintura, al parecer del pintor cubano nacido en el siglo XIX, Antonio Herr Grau.

La representación de la figura de este Cristo sentado y a punto de ser crucificado es algo
excepcional en la iconografía cristiana. La talla se encuentra en uno de los altares laterales
de la Iglesia Parroquial de la Santísima Trinidad.

Un Cristo yacente, una Piedad y el Descenso de la Cruz constituyen algunos de los pasos de la procesión de Semana Santa de Trinidad. Esta tradición religiosa, prohibida desde 1959, año de la victoria de la Revolución, se recuperó en 1998.

Desde la escalera del púlpito se ve la capilla dedicada al Cristo sentado dentro del habitáculo
central del altar de madera de la Iglesia Parroquial.


Palacio Brunet, actual Museo Romántico


El Museo Romántico se encuentra ubicado en un edificio construido en 1812 para la acaudalada familia Borrell, cuyo fundador fue Mariano Borrell. La mayoría de los objetos que se exponen en este museo fueron heredados en 1830 por la hija de Mariano Borrell que se casó con el conde Nicolás de la Cruz y Brunet, apellido este último con el que se le conoce a este palacete. El edificio dispone de 14 salas que dan a la galería del patio que luce una elegante balaustrada.

El palacio Brunet (1812), actual Museo Romántico, domina toda la perspectiva de la plaza Mayor de Trinidad.

Un coche tirado por un caballo pasa delante del Palacio Brunet en Trinidad.


Perdiéndonos enTrinidad


Merece la pena merodear un poco por el entramado de callejuelas del centro de Trinidad sin peligro de perderse ya que la torre campanario de la Iglesia y antiguo convento de San Francisco nos servirá en todo momento de brújula orientativa para localizar la Plaza Mayor y por tanto el centro. Callejear y también curiosear en los patios y las casas con la sorpresa de descubrir un Museo, una iglesia de rito afrocubano, una franquicia de la Bodeguita de La Habana o un baile vudú que nos ahuyentará los malos espiritus .


Detalle del adoquinado de las calles del centro histórico de Trinidad que se renueva constantemente con piedras que se cogen del pequeño río Guarabo.


En la foto vemos, desde uno de los arcos del Palacio Brunet, a algunos componentes del grupo
de viaje a Cuba charlando en la plaza Mayor de Trinidad.


Igual que en Madrid, en Trinidad hay una franquicia del famoso bar restaurante de La Habana,
La Bodeguita del Medio, en el que se deja fotografiar nuestro amigo Tomás
que si tuviera barba bien podría emular a "Jeminguay".

A falta de un Zara, Paloma curiosea en un pequeño establecimiento de venta de recuerdos,
pinturas y artesanía en el centro de Trinidad. 


La Casa de los Conspiradores, que luce un balcón de madera esquinero, fue el lugar de reunión de la Rosa de Cuba,
una sociedad secreta nacionalista del siglo XIX.


Muy cerca de la plaza Mayor se encuentran la Iglesia y Convento de San Francisco que actualmente
es la sede del Museo de la Lucha contra Bandidos. Su torre-campanario es visible desde cualquier lugar
.



En esta tranquila plazuela del Jigüe, en el centro del casco histórico, donde se alzaba una acacia (jigüe), celebró
el padre Bartolomé de las Casas, en 1514, la primera misa de Trinidad.



Casa de la Trova en Trinidad.
Se trata de una casa donde la gente puede escuchar música en directo, o grabada, bailar y tomar un cóctel con vitamina R o sin ella incluida. Estas casas en las que puede entrar cualquiera mantienen su popularidad entre los cubanos de cualquier edad y se caracteriza por su animado ambiente. En esta que vimos nosotros había sobre todo gente mayor bailando.

Palenque de los Congos Reales: La gran influencia africana


En uno de los edificios de estilo colonial de Trinidad, muy cerca del centro, está el Palenque de los Congos Reales. Se trata de la sede del Ballet Folclórico de Trinidad, que actúa de lunes a viernes, representando espectáculos variados relacionados con el rito afrocubano: yoruba, congo, bayamo ... Estos espectáculos se combinan con sesiones de salsa y son, de marcado ritmo caribeño. En el espectáculo que vimos nosotros un bailarín gritaba y se movía como un poseso en una especie de exorcismo para espantar los malos espíritus, haciendo sonar el chequeré uno de los instrumentos que se usan en los rituales de la santería cubana y en la música latina.



El Palenque de los Congos Reales es la sede del Ballet Folclórico de Trinidad y se encuentra en una de las calles que dan a la Plaza Mayor.

Tres componentes del Ballet Folclórico de Trinidad bailan y cantan tocando los instrumentos que se suelen utilizar en los rituales de la santería cubana como las congas, el chequeré y el triángulo.

Todo el grupo de viaje salimos impactados por el espectáculo de santería afrocubana del Palenque de los Congos Reales.

El templo Yemallá de Trinidad


Una de las curiosidades que te puedes encontrar paseando por Trinidad es este templo Yemallá, ubicado en una casa de estilo colonial, a unos pocos metros de la Plaza Mayor, en la Calle Real del Jigue, entre Desengaño y Boca. El templo resalta a la vista por el color azul de su fachada y por algunos elementos de color blanco, además de la filigrana herrería que protege los muros del patio que colindan con la calle. El Templo surge, según la tradición oral, a partir de un enterramiento afro aborigen encontrado en el patio de dicha casa, consistente en piedras esferolitas, hachas petaloides, elementos de pesca originales de incalculable belleza, que pertenecieron a esclavos que habitaron la morada en siglos anteriores.

Su importancia histórica, arquitectónica y cultural, radica en la dualidad de uso al ser templo religioso y casa-hospedaje y vivienda a la vez, constituyendo un templo que refleja los valores más genuinos y auténticos de la cultura y la santería afrocubana. En uno de los patios, vacío de toda ornamentación, se expone, sobre una pequeña silla, una muñeca de trapo negra o Anaquillé, que al parecer se utiliza como símbolo de protección o amuleto. En las paredes lucen tan solo unos esquemáticos dibujos de peces y curvilíneas que asemejan las olas.


Sobre una pequeña silla se sienta una muñeca de trapo negra o Anaquillé,
que se utiliza como símbolo de protección o amuleto, en el centro de una de las habitaciones
del Templo Yemallá, en Trinidad.


El Templo Yemallá de Trinidad es también una vivienda de estilo colonial, con un gran
patio interior y alberga un casa donde se pueden hospedar los visitantes.